Has llegado con tu maleta a reventar de ilusiones, con alguna cosa que te dejaste en casa y con alguna ropa que seguro no vas a usar. Con una mochila cargada de curiosidad, un libro para los tiempos muertos y en el fondo, que no se vea, miedo a lo desconocido. Te lanzas a la calle a conocer, a disfrutar y a sufrir lo nuevo, con todos los sentidos abiertos, cada minuto una experiencia. Sonidos, olores, sabores, paisajes, personas. No sólo tu cuerpo se pasea por nuevos sitios, también tú le dedicas tiempo a caminar por tus pensamientos. Te sorprendes haciendo cosas que en tu vida normal no harías y es que, es lo que tiene viajar, escondidos dentro de la libertad del anonimato, somos un poco más nosotros mismos.

Casi todos los viajes son placenteros, te sacan de la cotidianidad, te sugieren renovación, espacios abiertos y vida. Disfrutamos de muchas clases de viajes, de descanso, de montaña, de playa, de conocer, de caminar, solos, en pareja, con amigos, de estudio, de cerveza, de fin de curso. Algunos totalmente intrascendentes, es más, oportunamente olvidados. Pero existen Aquellos viajes, esos que son especiales, que sabes que te cambiaron la vida, que nunca olvidas. Hablo de esos viajes en los que aprovechas la oportunidad de estar fuera para repensarte. Esos viajes que logran ponerte entre paréntesis, te liberan hasta de ti mismo, y allí disfrutando de un nuevo sitio, de una nueva manera de vivir, de una nueva persona, de un nuevo estilo de vida, tu mente hace un click y cambias. Y ya no hay marcha atrás.
¿Qué es lo que ha pasado? Pues, que te has enamorado de una nueva vida y quieres cambiar. Después de un tiempo en ese nuevo sitio, tu alma y tu piel te hablan y te dicen qué quieren. Es posible que te digan que puede ser muy atractivo comprar una casa rural y vivir en el bosque, pero que prefieren volver a casa, a sus seguridades, a su almohada, a sus afectos. Y decides volver al hogar dulce hogar con una experiencia más, aunque sabes que algo en tu interior ha cambiado. O puede suceder, que ese nuevo sitio te enganche, te enamore, que sea el espacio donde realmente te sientes tú y tu alma y tu piel te piden que te quedes, que te pierdas en ese lugar que has descubierto. Enamorarse de un lugar o de un estilo de vida es una real historia de amor.
Apostar por lo nuevo, siempre es un paso en el vacío. Perder el alma en un sitio es un peligro. Cuando vuelves a tu rutina todo te incomodará, ya nada será igual. Tu cuerpo vuelve pero tu alma se quedó en aquel lugar. La buena noticia, es que la vida se convierte en tu cómplice, porque los pies te sobran para volver, tienes ganas y esas ganas tienen alas.
Como cualquier amor puede convertirse en platónico, deleitarás a tus amigos hablándoles de ese sitio mágico que te hizo repensar tu vida. O puedes hacer de ese lugar tu amante, al que visitas de vez en cuando y al que te entregas para disfrutar de las delicias de su vida. O puede suceder que decidas vivir allí.
De Madrid me sedujo su cielo azul en un invierno muy frío. Luego sus bares, su gente, su desparpajo y naturalidad, sus cañas, su vino, sus gambas y gambones. Volví, sólo venía por un año, ya llevo casi 20 y no me he ido.
Pero sigo viajando y dejando parte de mi alma por ahí perdida y enamorada.
Katy Salazar