Todos los días, paseamos por nuestras rutinas, le colgamos algunas tareas y nos permitimos algunos sueños. El camino de la vida.
De la existencia,
De niños nuestro universo era inmenso, todo era posible y la expectativa de lo que podría suceder cuando creciéramos nos impulsaba a querer ser adultos lo antes posible. Luego, llegaron los enamoramientos que se convirtieron en compromisos. Nos hicimos adultos y, casi imperceptiblemente, fuimos reduciendo nuestra vida a una especie de caja de cartón con una pegatina blanca y ancha que dice en rojo: frágil, trátela con cuidado, contiene trabajo, familia, hipoteca, cuentas por pagar, algún viernes divertido, unos días de vacaciones, el continuo deseo de tener más y la promesa continua de ir al gimnasio. Usamos todas nuestras herramientas, nuestro tiempo, nuestra inteligencia racional y nuestras fuerzas en llenar nuestra caja a la que llamamos existencia.
Del ser,
Ahora hablemos del mundo de ese otro mundo, esa parte silenciosa, que no vemos, que está en nuestro interior. El ser es nuestra fuerza, es el que nos da el equilibrio, maneja nuestras emociones, nos da la autoconfianza, controla nuestras frustraciones del pasado y nuestro miedo al monstruo del futuro, nos recuerda agradecer lo que tenemos y disfrutar del presente, vigila nuestra angustia, se encarga de tranquilizarnos y recordarnos que todo pasa, en fin, nos libera. El ser es una especie de alfombra sobre la que rueda nuestra caja de la existencia. Depende de esa alfombra que nos tropecemos con mucha frecuencia o que caminemos con placidez y seguridad.
De los resultados,
El mundo de la existencia tiene resultados tangibles, una casa, un coche, un título, la educación de los hijos. Cada cosa, cada deseo cumplido que viaja en nuestra caja cada vez más ancha es pagado no sólo con nuestro dinero sino con nuestro esfuerzo, con nuestro tiempo vital.
El mundo del ser no tiene resultados tangibles. Vamos mejorando nuestra alfombra invisible logrando un tejido más confortable. Esto es posible gracias a lo que hemos vivido, leído, meditado, entendido, reflexionado y captado del universo. Mejorar nuestra inteligencia emocional necesita atención y tiempo.
La paradoja,
Aquí está la paradoja. Dedicamos nuestro tiempo y entusiasmo al mundo de la existencia, a llenar nuestra caja de cosas y deseos, una caja que se hace cada vez más pesada. Para lo realmente importante que es trabajar en nuestro interior, en esa alfombra invisible que nos permite liberarnos y caminar por nuestra existencia plácidos y tranquilos, para ello, nunca encontramos tiempo. Lo paradójico es que el olvido del ser nos obliga a conformarnos con la existencia.
De la felicidad,
Con el tiempo y la edad, tal vez, nos vamos volviendo un poco más sabios y empezamos a entender que la vida y la libertad están en nuestro interior, que si lo cuidamos, pararemos un poco el desasosiego del deseo constante y disfrutaremos mucho más de nuestra existencia. A propósito, vivir la existencia que nos tocó con placidez y seguridad, puede que sea una buena definición de felicidad.
Katy Salazar.